“La Odisea”. Una lección de filosofía

Mapa del viaje de Odiseo

En este comienzo de análisis personal respecto a un relato épico que ha marcado a la propia civilización occidental, debemos pararnos a situar correctamente tan excelente obra: nos encontramos ante la síntesis de tradición clásica oral épica; ante un relato fantástico sobre la propia esencia de la vida y su devenir; ante la enseñanza de la moral, del bien y del mal; ante los aspectos más fundamentales del ser humano, de los seres reales y de los irreales, de los hombres y de los dioses; ante una representación literaria de un enfoque fantástico, divino, humano y filosófico.

Homero es considerado el autor de la obra, aunque existen diversas opiniones discordantes. En todo caso La Ilíada y La Odisea son en la literatura occidental los patrones de referencia en aspectos tan distintos como el género épico y el pensamiento filosófico. Todo ello en el entorno del siglo VII a.C. que se vuelve intemporal en su didáctica.

La obra nos narra la odisea (de ahí el significado posterior de esta palabra) de Odiseo (Ulises en romano) para poder regresar a su tierra (la isla de Ítaca) tras haber vencido y participado en la guerra de Troya (Íllion [de donde surge La Ilíada de Homero]). Este regreso se convierte en una especie de oda marina, donde las vicisitudes que tendrá que sortear Odiseo para regresar a su hogar harán que el autor nos describa elementos relacionados con la navegación, los vientos, la geografía, etcétera.

Centrando ya este trabajo en los aspectos filosóficos de la obra, pasaremos a describir la situación narrativa, en la que Odiseo ya se encuentra en una fase intermedia del proceso temporal o tiempo narrativo, pues partió de su casa hacia Troya, combatió en ella y después de eso se encuentra retenido en una isla donde se halla la ninfa Calypso, momento en que empieza realmente la obra.

Este proceso nos lo introduce Homero mediante la invocación a las musas para que le cuenten dicha historia, e introduciendo la situación del hogar actual donde su hijo Telémaco será aconsejado por la diosa Atenea para producir una fractura en la situación. Esa fractura o punto de inflexión se inicia con la partida de Telémaco en busca de noticias de su padre.

La estabilidad vital de Odiseo se vio modificada por la guerra, pues antes de eso su equilibrio vital se ponderó en la vivencia en su propia tierra, el hogar que le implicaba un poder político y riqueza al ser miembro de la aristocracia de Ítaca, disfrute de la felicidad con el amor de sus seres queridos y respeto de su personal de confianza.

Al ser miembro y jefe de esa aristocracia, los valores de ello le implican en la obligación de ser guerrero y hospitalario entre iguales. Esas obligaciones le apartarán de la estabilidad inicial, dejando a un lado todo lo querido para involuntariamente participar en una guerra allende de los mares y tierras de su entorno. Ese abandono le supone riesgos de muerte, de amenaza para su hogar y estabilidad familiar y pérdida de sus seres más queridos.

La areté del héroe queda de manifiesto por la descripción que nos hace Homero de esas virtudes innatas de Odiseo: la astucia, la inteligencia, la valentía, la habilidad, el embuste adecuado al momento, la estrategia política y guerrera… Todo ello le proporciona el respeto del resto de hombres, su fama y gloria ante ellos, hasta el punto que el autor nos lo refiere como “el divino Odiseo”.

La referencia al famoso ardid del “caballo de Troya” refleja todos los valores citados, que luego se manifestarán de modo continuo en cada estancia del trayecto de regreso, con multitud de situaciones ante personajes fantásticos y humanos, ante los cuales Odiseo refuta esa areté.

En el desarrollo de todas las aventuras que le devienen, Odiseo debe afrontar los problemas en soledad o en compañía, indistintamente (al igual que en la vida de cada cual), lo que le hace tomar decisiones que le afectarán tanto personal como colectivamente.

La elección de ese “camino” acertado o erróneo, tal y como en la otra parte del mundo describe Lao Tse, encauza el propio devenir de las cosas tanto para Odiseo como para sus compañeros de “viaje” (aquí el viaje lo entenderemos como la propia vida).

En soledad se muestra Odiseo en la isla de la ninfa Calypso o con los feacios, discurriendo su odisea en compañía cuando debe afrontar los, llamemos “peajes” vitales; en el pueblo de los cicones; en el país de los lotófagos; con el cíclope Polifemo; en la isla de los vientos de Eolo; en el país de los lestrigones; con los hechizos de la maga Circe; cuando se adentran en el Hades; con las sirenas; en el paso de Caribdis y Escila, en Trinacria con los ganados de Helios.

Polifemo

En cada uno de estos desafíos Odiseo se enfrenta con aspectos de la propia vida, intemporal, que se repiten en todos y cada uno de nosotros en argumentos distintos pero de síntesis vital equitativa, los cuales describiremos someramente a continuación. En todo caso debemos resaltar que la presencia de Atenea como diosa principal del relato, nos está transmitiendo desde Homero la importancia de la sabiduría, de la inteligencia para escribir una experiencia vital, sea la de Odiseo o la de uno mismo.

La ninfa Calypso representa la comodidad, la vida desentendida, sin complicaciones ni preocupaciones, pero a cambio de la falta de iniciativa, de aventura, de la vivencia, es decir de la propia vida, entendida esta como una fabulosa red de posibilidades en las cuales Odiseo no disfrutará por estar retenido por Calypso. El planteamiento moral de esta parte del relato es muy importante, pues nos está haciendo ver que el no afrontar la vida y no aceptar sus retos nos puede llevar a la muerte sin haber vivido realmente. Aquí subrayaremos la confrontación del mundo de hoy en día, con su competitividad permanente a nivel personal que hace que mucha gente opte por este desentendimiento como forma escapatoria a una lucha en la que se ven siempre perdedores. La pérdida vital se produce por el miedo a esa afrenta permanente. Quizás podemos incluir en un primer momento a Telémaco en esta situación, pues hasta que se produce su catarsis con Atenea, se encuentra en ese devenir anodino.

Con el pueblo feacio, el autor nos propicia una entrada a la historia de la guerra de Troya. Mediante la narración del aedo nos introduce en situación y rememora en Odiseo los momentos de sufrimiento pasados por la pérdida de sus compañeros. Aquí entra en acción el recuerdo, la memoria, como entes que hacen del ser humano lo que es, posibilitan la no repetición de errores y la asunción de tragedias que ya no son evitables. El dolor y la angustia vital se expresan por el propio personaje en el recuerdo y nos hacen ven que la humanidad no está exenta de ellos, por muy héroe que lo sea quien los padece y mucha aristocracia que se le otorgue. Al final, los sentimientos humanos son humanos independientemente de la humanidad de quien los represente (acéptese esta redundancia).

En este encuentro con los feacios también se apuntan elementos de la vida como el orgullo (que posteriormente cometerá Odiseo con Polifemo) o la soberbia que son mencionados en las apuestas de los feacios contra Odiseo en la competición atlética.

En el país de los cicones, relato contado donde se muestra el exceso de confianza como falta de virtud, Odiseo nos desvela cómo habiendo tenido ganada la batalla, el hecho de quedar sus hombres disfrutando de la victoria conllevó la llegada de refuerzos y por ende la necesidad de abandonar de forma urgente esas tierras y perder parte del botín de guerra.

En la tierra de los lotófagos se produce una referencia clara a las drogas. El loto como planta que enlentece y atonta a sus consumidores, se nos presenta como un aspecto vital de la voluntariedad hacia el desentendimiento de la vida, hacia el alejamiento de los problemas y la búsqueda de su resolución, y como hemos visto con la ninfa Calypso, la pérdida del disfrute de la misma vida. Pero si con Calypso se presenta por hastío o despreocupación involuntaria, aquí se aporta el elemento de voluntariedad como necesario para la lotofagia y por lo tanto es una decisión personal del individuo frente a la vida. La equivocación se produce por acción voluntaria, no por inacción.

Llegamos ahora a uno de los episodios más conocidos del relato, la lucha contra el gigante Polifemo. Un cíclope que obligará a Odiseo a poner en marcha todos sus recursos mentales de astucia, inteligencia, embuste y valentía, que más tarde se traducirán en una opacidad y consecuencias funestas por su propia arrogancia al decirle a Polifemo su propio nombre desde la segura nave y a distancia del cíclope.

Con Polifemo tenemos una referencia del caballo de Troya. En este caso de forma involuntaria se produce el encerramiento, en el caso de La Ilíada se causa con intención. Pero en ambas situaciones, la “salida” de una situación crítica es lo que realmente se nos plantea por Homero. El engaño habilidoso (yo soy Nadie) queda truncado en sus consecuencias por ser Polifemo el hijo de Poseidón, y burlar Odiseo a este cíclope cuando arrogantemente le dice su verdadero nombre, lo que ocasiona que la ira de Poseidón vengue mediante el azote marino la afrenta a su hijo.  Ese azote oceánico retrasará a Odiseo en su vuelta a casa.

Con lo ocurrido en la isla de Eolo, o más bien posteriormente a la salida de la isla, se produce un hecho humano que motivará otro retraso del viaje, otro inconveniente, pero esta vez no es por culpa de Odiseo, sino por sus propios hombres; la falta de respeto y humildad ante este. Los hombre de Odiseo abren la bolsa de Eolo conteniendo los vientos, aun teniendo prohibida su apertura. Esa falta de obediencia y respeto al más caracterizado harán que su devenir vuelva por sus derroteros a mandarlos de acá para allá. Podemos ver una aportación de Homero al aspecto humano de la obediencia como esencial para la consecución de objetivos. Si cada uno se atiene a sus propias normas, si cada uno no respeta el liderazgo del héroe, si cada uno no se atiene a unas normas de convivencia social aceptadas, el resultado será siempre el descontrol general y la anarquía. Esto no está reñido con la progresión individual y el desarrollo interno, pues solo afecta a los momentos en que por decisión colectiva, alguien debe “tomar las riendas” de un problema para llegar a una solución. Aquí Homero lo escenifica mediante la confianza que deposita Homero en sus hombres al dejar la bolsa de Eolo sin pensar que se les ocurriría abrirla, pese a haberles encomendado no hacerlo.

Con los lestrigones tenemos otra lección moral para la vida, la precaución. Los peligros no se deben eludir si nos aportan vitalidad, pero sí debemos ser precavidos. La decisión de Odiseo de atracar su nave fuera del posible peligro de un puerto desconocido, le lleva a que esa precaución consiga evitar la muerte de él y de todos sus hombres. Ser precavido le hizo no adentrar a todos en la isla sin saber lo qué había en ella. La falta de precaución de sus otros hombres que atracaron en dicho puerto y se adentraron conociendo a una niña de tamaño equivalente al suyo, les hizo no percatarse de que el tamaño de sus padres era acorde a su edad, por lo que el gigantismo propició la muerte de todos ellos a manos de los lestrigones.

Circe, la maga

La magia de la hechicera Circe se sitúa entorno al engaño, la apariencia, lo oculto y lo funesto de la propia naturaleza humana. Circe convierte en cerdos a los compañeros de Homero y le rodean otros animales de aspecto fiero pero pacíficos por estar igualmente maleficiados. En este caso, el amor de Circe hacia Odiseo, al igual que le ocurrió a Calypso, consigue que esta deje marchar a Odiseo y liberar a su hombres, no sin antes aprestar su valentía y astucia Odiseo en su encuentro con la famosa maga, impidiendo el efecto de su brebaje.

El amor no correspondido es una cuestión humana habitual, es la desmitificación del propio Cupido que yerra al acertar sólo en uno de los dos futuros amantes. El amor no es cosa de dos según nos expone Homero. La decisión amatoria (amante) no se corresponde en muchos casos con el contrario (el amado), pues este último no ve resarcido su sentimiento de igual forma. Esta cuestión natural se nos presenta con Circe como amante y Odiseo como amado. Amores no correspondidos pueden producir la nostalgia y la soledad, hecho humano que Homero nos quiere indicar que es normal que se produzca. En todo caso el amor de Circe no le lleva (al igual que Calypso) a la venganza por la no correspondencia, muy al contrario, en ambos casos el amor supera al dolor y hace que ambas le ayuden a conseguir lo que pretende; llegar a su hogar y ser amado y amar a su esposa Penélope que le espera fielmente desde hace años. En estos casos el amor de Circe o Calypso para la consecución del reencuentro amoroso de Odiseo y Penélope es digno de elogio.

Odiseo llega al Hades, al infierno. El autor nos transporta hacia un mundo de almas, un mundo de desesperanzas y de esperas, que tiene filosóficamente hablando toda la trascendencia que uno quiera ponerle. En el Hades, Tiresías debe ponerle en conocimiento de lo que les espera a él y a sus hombres. Hombres que han descendido al Hades y lo harán a diferencia de todo el mundo, en dos ocasiones. Se nos plantea un infierno similar al que otras religiones aprovecharán en un futuro; oscuro, con sangre, con espectros, almas errantes y todo aquello que la conciencia humana es capaz de imaginar como lo contrario a lo idílico.

La muerte es un aspecto vital irrefutable (al menos hoy en día), es la consecuencia inevitable de la trayectoria vital hacia un destino desconocido y Homero la presenta como algo que tiene dos vertientes; la elección vital de moralidad y buen hacer, y la de mal obrar. Ambas llevarán al Hades, pero dentro de este existen lugares distintos, donde según ese obrar el espectro se encontrará de una u otra manera. En todo caso, la muerte sigue siendo y lo fue para Homero y los griegos un estado natural que trascendía a la propia vida. Los conceptos de errante, transmigración, espera, etcétera, siguen vigentes hoy y lo seguirán mañana pues ese miedo a “dejar de ser”, asociado a la importancia personal que uno tiene de sí mismo, propician la necesidad de evitar el pensamiento de la desaparición “sin más”.

Con el paso de las sirenas podemos barruntar un escape o alejamiento de las malas decisiones en la vida. El avenimiento a las pretensiones de los demás aun sabiendo de su falta de criterio nos puede llevar a caminos equivocados. Este episodio nos hace ver que escuchar y ver cosas innecesarias o dañinas no nos aportará más que problemas a resolver. Hoy en día, la televisión, las noticias de Internet, cualquier cosa que nos haga escuchar (al igual que con las sirenas) pensamientos negativos, es evitable (Odiseo emplea cera derretida) en nuestro caso evitando estas fuentes de entrada.

En el episodio siguiente, el paso entre Escila y Caribdis, entramos a afrontar una resolución aún más difícil; el paso entre dos peligros. La expresión entre Escila y Caribdis tiene como argumento esa dificultad que encuentra Odiseo cuando debe elegir entre el monstruo Escila de varias cabezas, o Caribdis cuyo remolino de agua puede tragarse a toda su tripulación. Jasón (Jasón y los Argonautas) lo consiguió con ayuda nereida, pero Odiseo no puede evitar que Escila devore a varios de sus hombres.

Homero nos muestra que Odiseo sin ayuda debe elegir entre uno u otro peligro, pero lo más importante del relato es que consigue salvar al resto de tripulación al evitar el hundimiento del barco. El sacrificio de varios de sus hombres hace que se salven todos los demás. Escila no puede matarlos a todos de una vez, cosa que sí haría Caribdis, por ello Odiseo elige bien.

“Entre la espada y la pared” es una expresión actual que define muy bien lo que sufrió Odiseo cuando debía elegir una u otra alternativa, pero ese sacrificio de unos cuantos hace que otros salgan victoriosos. Aquí debemos ver muchas facetas de la vida, desde la guerra en la que unos mueren para que se salven otros, hasta la madre que da la vida por un hijo o cualesquiera otras en las que el sacrificio de unos salva a otros.

La avaricia humana o el deseo no contenido, incluso la gula se nos muestran en el desenlace de la estancia en la isla de Helios. La suerte divina se ve truncada cuando los compañeros de Odiseo matan a varias reses del dios, al dormirse Odiseo en su velar. esta muertes del rebaño desencadenarán la ira de Helios que con un rayo matará al resto de los hombres de la Odisea, quedando únicamente Odiseo, que aparecerá de nuevo en la isla de Calypso, lugar donde se inicia su particular odisea. Trinacia es un lugar reservado por los dioses, es un sitio a respetar, un lugar que podemos llamar de culto, por lo que esa avaricia incontenida de los restantes personajes de La Odisea les lleva a incumplir ese respeto hacia lo divino y les ocasionará irremisiblemente la muerte.

Con la llegada de Odiseo a Ítaca, ayudado por Atenea, Eumeo su porquero no es mostrado como la persona de confianza, el personaje que sin conocer con quién habla, se manifiesta honrado y considerado con las palabras hacia su jefe. No traiciona al dueño de la casa  sin motivo, valora su ayuda al aportarle la compensación por su trabajo en el cuidado de los cerdos. Además Eumeo se nos muestra como compasivo con el recién llegado, sin menospreciar su condición mendicante ni su apariencia, hechos estos que hoy en día tienen mucho sentido pues se ven imágenes y noticias que asustan por ver el grado de deshumanización que es capaz de alcanzar la condición humana. “Tanto tienes tanto vales”  es otra refutación de lo que acabamos de ver. Homero la expresa muy acertadamente cuando Eumeo no valora esa condición sino que la acepta sin más por la esencia de la propia persona, no por sus dotes.

Un aspecto que se menciona también en el relato de llegada de Odiseo a su propia casa es el encuentro con su perro. Esto, que hoy nos puede parecer normal por la conciencia de respeto animal, se nos cuenta en el siglo VII a.C. No es baladí el hecho de que Homero nos refiera esa lealtad del animal pese a los años transcurridos. La lealtad de un animal comparada con la de algunas personas denota en muchas ocasiones un argumento mental, un pensamiento de trascendencia humana, una cábala de motivación hacia lo que es y no es capaz de ser o hacer el ser humano.

En la venganza final, al autor nos muestra cómo todos los que han conspirado contra Odiseo, sean enemigos o sirvientes, caerán por la mano de esta venganza. Aquí la interpretación es clara; quien la hace la paga. Otra cuestión interpretable es si esa venganza debe ser siempre aplicada. Homero nos muestra el aspecto real de los hechos, es decir que quien conspira está puntuando cada vez más para recibir esa venganza.

Una última cuestión humana es planteada con el pacto final entre los itacenses. Atenea media para que una vez realizada la venganza y retomada por el bando contrario, el pacto sea la salida para una convivencia en paz. La venganza no sirve finalmente a su fin, pues unos y otros necesitan permanentemente de la misma para resarcir su dolor. El pacto es la solución.

En todo este viaje Homero nos plantea la contradicción permanente de Odiseo entre el deber y el deseo, la atracción física o el amor y fidelidad a a la esposa, el olvido o la memoria de aquello conocido. En suma está poniendo a disposición del lector el constante dilema de elegir uno u otro camino, en el conocimiento de estar a expensas de la equivocación o el acierto.

El acierto, en el paralelismo vital, nunca podremos decir si siempre ha estado asociado a los parámetros de amor, memoria o deber, pues eligiendo una alternativa distinta, el desarrollo de la propia vida toma caminos totalmente desconocidos. Estos caminos distintos (en principio erróneos; lo físico, el olvido etc., en muchas personas han aportado rutas futuras acertadas. Homero sin embargo nos los presenta como alternativas equivocadas ante las cuales Odiseo debe escapar.

En su llegada a Ítaca, Odiseo consigue recuperar su hogar transformado, alejar de él todo aquello que ha sido inherente durante años de ausencia y estabilizarlo con los valores previos. Este hogar estaba transformado a causa de la codicia de los pretendientes de su esposa Penélope y las muestras de indisciplina de algunos sirvientes.

Para conseguir esa recuperación del amor conyugal y reconquista política, Odiseo precisa de la ayuda de la diosa Atenea (la de los ojos brillantes [la inteligencia]) a lo largo de todo el poema, bien personalmente o a través de su hijo Telémaco. Posteriormente, ya en Ítaca,  recibe también la del porquero Eumeo y algunos sirvientes.

Los caminos de la vida

El propio camino de la vida está representado en toda esta “odisea”, una suerte de obstáculos e impedimentos que ponen a prueba al ser humano día a día, atenazan su confianza en sí mismo y en su propio destino, haciéndole reflexionar sobre el porqué de su existencia y el origen de esta. Una épica que ha respondido a los planteamientos más profundos del ser humano, mediante una comparativa velada respecto a la propia narración y la vida humana.

La Arkhé, la Areté, el bien y el mal, los pecados capitales, los mitos… todo ello nos es presentado en La Odisea como valores o aspectos de la vida humana en una recopilación escrita de la oralidad griega antigua. Mediante una épica entretenida, una narración de la “novela de novelas” que nos ahonda en lo más profundo del ser humano, Homero consigue que la enseñanza moral de las generaciones venideras quede establecida… para quien las quiera asumir.

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6 Replies to ““La Odisea”. Una lección de filosofía”

  1. Muy buen análisis , en mi opinión solo le faltaría citar esta frase:
    “La tierra no cría ser alguno más mísero que el hombre , entre cuantos respiran y se mueven por el suelo.No se se figura el hombre que haya de haya de padecer infortunios , mientras las deidades le concedan la felicidad y sus rodillas se mueven;pero cuando los bienaventurados dioses le mandan la desgracia , ha de soportarla , mal de su grado , con ánimo paciente[…]”
    El ser humano está destinado a sufrir , por lo tanto las desgracias tienen que ser tomadas con naturalidad , ya que la tragedia y el dolor es lo que le dan peso a la vida , si el viaje de Odiseo hubiera sido breve y exitoso entonces no sería la Odisea.

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